“Gobernar es rectificar”. Lo decía Confucio y no sólo se debería circunscribir al ámbito de las administraciones, sino también al de las empresas. Hay quien puede confundir cambiar de rumbo con ‘debilidad’, con una muestra de no saber hacia donde se va. Sin embargo, en el fondo se trata justamente de lo contrario: quien no toma esas decisiones es el que, a la larga, debilitará el proyecto.
Hace unos días, la red social Twitter demostraba el valor de rectificar. Una medida polémica en su función de ‘bloqueo’ despertó una oleada de críticas de muchos usuarios que veían cómo de esa forma se les desprotegía ante el acoso de otros. Fueron unas horas que desembocaron en una rectificación en toda regla. Una rectificación motivada después de escuchar esas quejas.
Pero no fue sólo una rectificación en el blog corporativo sin más. Tanto el CEO de la compañía, Dick Costolo, como algunos miembros del staff trataron de poner paños calientes y pedir disculpas por una medida que, en principio, creyeron acertada pero que, tras implantarla, concluyeron que no era así.









