miércoles, 7 de noviembre de 2012

Educación online y posibles modelos de negocio

Hace unos días publiqué este artículo en el Diario de Sevilla: “Cómo estudiar en las mejores universidades americanas sin moverse de casa”, en el que hablaba de la educación online y reflexionaba acerca de su futuro y su relación con la educación tradicional.

Para aquellos que nunca hayáis escuchado nada sobre estos cursos online, os dejo un vídeo de una de las últimas iniciativas que se han lanzado, EdX. Esta plataforma ha sido creada por la Universidad de Harvard  junto con Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), y la recientemente incorporada Universidad de California-Berkeley. Parece que las Universidades más prestigiosas el mundo no piensan quedarse atrás y están dispuestos a revolucionar aún más el mundo académico.

Un aspecto que no traté en el artículo, y que encaja mejor en este foro, fue la posibilidad de convertir en un negocio rentable este tipo de cursos. No son pocas las críticas que han recibido algunas de las nuevas plataformas que ofrecen este tipo de curos online y que están acometiendo fuertes inversiones sin, a priori, recibir ningún tipo de contraprestación. Por poner un ejemplo Coursera ya ha obtenido una financiación superior a los 20 millones de dólares (la plataforma fue lanzada con una inversión inicial de 16 millónes de dólares). Pues bien, planteo tres posibles modelos de negocio. Seguro que los lectores podéis plantear más.

 En primer lugar, el modelo seguido por Udacity que ya analizaba en el anterior artículo. La intención de su fundador, el Profesor Thrun (impartía la clase de inteligencia artificial de Stanford)  es crear una red de contactos entre jóvenes con talento y empresas del sector. Éstas, pagarán un 20% del salario del primer año de las contrataciones que realicen éstas entre alumnos de Udacity, que actuará como agencia de empleo. El objetivo es que, con el valor generado al emplear al 5% de los estudiantes más brillantes del curso, se pueda financiar la educación gratuita del resto del mundo.

Otro que parece factible es cobrar una pequeña cantidad por cada curso a quienes quieran acceder a ellos. Por ejemplo, actualmente los cursos “Financial Markets” de la Universidad de Yale o “Technology Entrepreneurship” de la Universidad de Stanford son seguidos por más de 100.000 personas alrededor de mundo. Estos cursos, ofrecen aproximadamente 20 horas de formación (además de seminarios y acceso a datos o materiales académicos, ejercicios, exámenes, etc). No sería descabellado pensar que dada la creciente proliferación de este tipo de cursos, cada día más y más gente realice estos cursos. Supongamos que las plataformas y Universidades que los ofrecen decidan cobrar 20 dólares (por poner una cifra) por curso, en cuyo caso estaríamos hablando de varios millones de dólares por un solo curso de varios meses (que además se vendería una y otra vez). El coste para el alumno es muy bajo teniendo en cuenta que tendría acceso a las clases de algunos de los mejores profesores del planeta.

Otra opción sería ofrecer un upgrade, un acceso a más servicios (más ejercicios, artículos científicos, etc) a cambio de pagar una módica cantidad. O bien, cobrar a aquellos alumnos que deseen un certificado oficial, haciéndoles pasar algún tipo de prueba específica u otros requisitos adicionales (ideal para aquellos que busquen la certificación del conocimiento).

Por poner un ejemplo personal, hace unos años hice un curso de macroeconomía de varios meses en la Universidad de California-Berkeley, y si nos ceñimos a lo más importante del mismo que es la lección magistral del profesor, no tiene mucho que envidiar a este otro de microeconomía que ofrece online el MIT. Es cierto que el curso online no puede ofrecernos el valor añadido de la formación presencial en la que se puede preguntar al profesor, interactuar con los compañeros… pero también es cierto que 1) la diferencia de precio de la que estaríamos hablando sería de unas 100 veces superior del presencial que del online y, 2) el curso online te permite hacerlo en tu tiempo libre, después de trabajar o cuando te apetezca, sin tener que desplazarte, ni bloquear tu tiempo de manera fija.
Dicho esto, mantengo mi opinión de que la educación online no debe ser acogida como sustituta de la educación presencial tradicional, sino como un magnífico complemento. Por ejemplo, un ingeniero que quiera hacer este curso de introducción a las finanzas, o un economista que quiera hacer este otro de introducción a la programación. Y por supuesto, tanto un tipo de cursos como otros, solo aportarán valor si el que decide realizarlos está motivado por aprender.

Y a vosotros, ¿Qué otros modelos de negocio se os ocurren?. Desde luego, posibilidades de monetización existen, y muchas.