martes, 22 de mayo de 2012

Adelgazar la estructura de nuestros negocios

Siempre digo que en un mundo ideal (a mi gusto) toda empresa debería funcionar con la mínima estructura posible, y que es precisamente este adelgazamiento en la estructura lo que a la postre y siempre a mi entender puede darnos una gran ventaja competitiva y de productividad, pero hoy quiero dar un paso más allá.

Hoy quiero reiterarme en mis apreciaciones de que una estructura empresarial ágil, ligera y moldeable, nos permite reducir ya no tan solo los costes, también nos permite reducir el riesgo o incluso la complejidad de nuestras actividades. Pero hoy y como colofón a todo ello, quiero ya no solo defender el adelgazamiento de la estructura, también quiero defender la externalización de todo aquello que podamos externalizar.

Pudiera parecer que una cosa va unida a la otra, y por supuesto que es así, pero no solo es así, me explico. Adelgazar la estructura o bien nos podemos referir a eliminar, a optimizar, a utilizar nuevos sistemas que nos permitan reducir el grosor de nuestra empresa, pero también puede significar adelgazarla y conseguir eso mediante la externalización de todo aquello que no sea nuestra función fundamental y que sea el auténtico núcleo de nuestro negocio.

Soy partidario de externalizar todo lo que podamos, desde externalizar todos los departamentos que nos sean posibles, hasta externalizar la contratación y gestión del personal y todo lo que podamos. Soy partidario de dar valor a nuestros clientes por medio de gestionar y de ofrecerles lo mejor de nosotros mismos y creando a nuestro alrededor una estructura que nos permita ofrecérselo. Resumiendo, no creo en la estructura, creo en la rentabilidad que nos aportan nuestras operaciones (independientemente de que en muchas ocasiones se requerirá de X estructura para desarrollar las operaciones).

En Pymes y autónomos