martes, 28 de mayo de 2013

Miedo a volar: dejar tu trabajo para emprender

Dejar mi trabajo para fundar una nueva empresa tecnológica se parecía más a saltar de un avión en perfecto estado que a volar
Por Libby Putman (Fundadora, Polk Street Press)
Mi primer vuelo en avión ocurrió cuando tenía nueve años de edad. Mi generosa y valiente abuela llevó a cada uno de sus nietos en viajes individuales a un destino de nuestra elección. Dijo que quería que experimentasemos algún lugar distinto de Oklahoma. Creo que secretamente tenía miedo de que no saliesemos de allí.
Escogí Filadelfia porque quería visitar a su museo de los niños. Puede parecer una elección extraña (mi hermana eligió Disneyland) pero debía haber visto un espectáculo muy convincente sobre él en la televisión.
Mirando hacia atrás, no recuerdo mucho el museo, pero sí recuerdo la sensación de euforia que sentí cuando despegué de mi ciudad natal, Tulsa, partiendo hacia el este. No estaba asustada ni nerviosa, estaba emocionada por la experiencia de volar y por ir a algún lugar nuevo.

A los 33 años, me enfrenté a la situación de crear una empresa con emociones muy diferentes. Dejar mi trabajo para fundar una nueva empresa tecnológica se parecía más a saltar de un avión en perfecto estado, que a volar. Mi licenciatura en Inglés y mi MBA no parecían haberme preparado mucho para entrar en el mundo de los programadores de iOS y aplicaciones web. En algún momento, había desarrollado un miedo a volar, de ir hacia lo desconocido, dirigirte a algún lugar en el que nunca había estado antes.
Después de un año de trabajo en mi startup, Polk Street Press, todavía hay muchas incógnitas y para ser honesta, un poco de miedo, pero también hay un par de cosas que he redescubierto en el camino:
  • Aprender cosas nuevas es divertido. Esa niña que estaba tan emocionada de ir a un museo todavía está ahí. En los primeros meses de Polk Street todo era nuevo: crear una empresa, contratar a un desarrollador, presentar una aplicación para iTunes. Un año más tarde, todavía aprendo o hago algo nuevo todos los días y me encanta. Lo que nos lleva a…
  • Cometer errores aún está bien. En nuestro viaje, cerré la puerta de nuestra habitación mientras estábamos fuera. Estaba practicando con la tarjeta de la habitación del hotel y mi abuela salió a enseñarme cómo se hacía cuando de repente dejó de funcionar. Tuve que ir a la recepción con ella en calcetines. ¡Estaba avergonzada! Recuerdo haber tratado de ocultarme detrás de ella en el ascensor para que nadie se diera cuenta. Ella nunca me regañó. Cuando estás aprendiendo, cometes un montón de errores. Crear una startup significa que tienes que aceptar un poco de humillación y seguir adelante.
  • Tomar riesgos puede dar miedo, pero házlo de todos modos. Ese viaje a Filadelfia fue también la primera vez que vi el mar. Recuerdo haber pensado que era mucho más grande y frío que los lagos pequeños que había visto en mi casa. Entré en el agua con temor e inmediatamente corrí de vuelta después de que me picase un cangrejo. Pero volví una y otra vez. He pasado por un montón de contratiempos y dificultades el último año, pero vuelvo una y otra vez. La experiencia vale la pena.
Nuestro viaje a Filadelfia fue algo increíblemente especial. Realmente amplió mi visión del mundo y comenzó una relación con mi abuela de la que todavía disfruto. Inspirada por esa experiencia, busqué nuevos horizontes y oportunidades para impulsarme a mí misma a crecer. Lanzar una empresa es en muchos sentidos la siguiente etapa de ese viaje.
A los 84 años, mi abuela todavía viaja todos los años y sigue siendo una inspiración para mí. Hace unos años, tuve la oportunidad de ir a Grecia con ella, sólo nosotras dos. Conduciendo por todo el país, creamos nuevos recuerdos y recordamos los que teníamos de nuestro primer viaje. Ella tampoco se acordaba mucho del Museo de Niños de Filadelfia, pero se acordaba de mí abriéndome camino tenazmente a través de un cuenco entero de gambas más grande que mi cabeza. Supongo que todavía me gustan los retos.