viernes, 8 de julio de 2011

¡Cualquiera puede ser jefe!

Estoy cerrando el programa de Entrenamiento Emocional para el próximo curso. En una de las sesiones tratamos sobre el liderazgo genuino, entrenamos la esencia del liderazgo y descubrimos qué es lo que marca la diferencia entre un líder auténtico y aquellos otros que se presentan como tales, pero que, al final, no son más que meros sucedáneos. Cada vez que pienso en un verdadero líder, uno de esos en los que merece la pena fijarse y aprender, me viene a la memoria uno de mis videos favoritos. El protagonista es Riccardo Muti, famoso director de orquesta y flamante premio Príncipe de Asturias de las Artes. La secuencia es del pasado año 2010. Muti recibe el premio al “Músico del Año” por la Musical America. Disfrútalo hasta el final

Nosotros tenemos una idea que debe ser expresada a través de los brazos y luego debe ir a través de los instrumentos, que luego son ejecutados con los dedos o la boca de los músicos y luego ir hacía el público. Es un camino demasiado largo. Marcar los tiempos es muy fácil; cualquiera lo puede hacer. Hacer música es muy, muy difícil”.
“Tomar las almas de los músicos; la música, los sentimientos. No las notas. Las notas son la expresión concreta de los sentimientos”.

No basta con seguir fielmente la partitura. No basta con saber administrar los tiempos; con hacer lo que hay que hacer en el momento en el que hay que hacerlo.No basta con tener los mejores músicos, el mejor equipo, al mejor pagado. La esencia del liderazgo consiste en conectar profundamente con tu gente, con tu equipo, con tu familia… Conectar con sus sentimientos, con sus necesidades, con sus inquietudes. Tomar sus dones, sus capacidades y ponerlas al servicio de una causa compartida. Aunque el líder vea nítidamente donde quiere llevar a su equipo. Aunque conozca el mapa. Aunque cuente con todos los recursos para llegar a la meta… el resultado siempre estará condicionado por la actitud y la entrega de las personas. El líder es responsable -¡el único responsable!- de esta “sagrada” tarea, como diría Tom Peters.
Hay jefes y hay líderes, y recibir una posición dentro de una organización no me convierte, de la noche a la mañana, en líder de nadie. ¿Jefe…? ¡Si, por supuesto! Cualquiera puede ser jefe o director de una orquesta sinfónica. Pero ¿líder…? Las diferencias entre jefe y líder son manifiestas a la hora de obtener resultados:
  • El jefe exige resultados, punto. El líder  demanda resultados despertando el entusiasmo de su gente.
  • El jefe consigue el resultado previsto. El líder consigue de su gente resultados extraordinarios.
  • El jefe se sirve de las personas para alcanzar los resultados. El líder se sirve de los resultados para que crezcan las personas.
Una organización que se atreve a decir que las personas son su verdadero capital… ¿Cómo lo demuestra? ¿Con un buen plan de pensiones, con un bonus potente a final de año, con un coche de empresa, con un entorno cómodo y agradable,… Lo demuestra con conexión. Luego vendrá todo lo demás, ¡estupendo! Pero lo primero y principal es reconocer el valor de cada una de las personas que han puesto a tu cargo. Fíjate bien en sus cualidades. Y, sobre todo… mira su potencial, sus dones adormecidos. Tú estás ahí, a su lado, para despertarlos. Para ayudarle a crecer. Esa es tu misión. Recuerda, no eres un jefe, ¡cualquiera puede ser jefe! Eres mucho más… eres líder.

Un artículo escrito por Eugenio Pérez Freire