jueves, 29 de noviembre de 2018

El poder del pensamiento proactivo

Para tomar las riendas del destino hay que dejar de reaccionar ante él y atrevernos a actuar, a ser agentes activos. Un modo de conseguirlo es aplicando el pensamiento proactivo, ese que nos permite hacer frente a la realidad de una manera creativa, ágil y en sintonía con los cambios de la vida. En esencia se trata de aunar motivación para tomar ventaja.
A menudo, suele decirse que lo que define a un líder es precisamente su visión de futuro y su admirable capacidad para convertir en realidad una visión. Queda claro sin duda, que ninguno de nosotros disponemos de una bola mágica donde anticipar al detalle, qué puede o qué no puede ocurrir dentro de un tiempo determinado.

Sin embargo, a la hora de enfrentarnos a la realidad (lo queramos o no) siempre tenemos dos opciones: aplicar un pensamiento reactivo o un enfoque proactivo. El primero define un tipo de comportamiento desde el que limitarnos casi en exclusiva a reaccionar ante cada cosa que nos sucede. Es como quien al pasar por un camino se golpea con la rama de un árbol y grita de dolor.
Ahora bien, por otro lado, disponemos de otra interesante posibilidad. Esa donde no limitarnos a dejar que ciertas cosas sucedan y a esquivar la rama planeando antes otro modo de cruzar ese camino frondoso y lleno de peligros. Podemos, si así lo decidimos, aplicar un pensamiento proactivo donde permitirnos estar preparados, contar con un plan establecido y evitar -en la medida de lo posible- ser “golpeados” por las circunstancias.
Aplicar este tipo de enfoque tiene grandes beneficios. Edward de Bono, por ejemplo, todo un referente en el campo de la creatividad, define el pensamiento proactivo como un “razonamiento deliberado”, ese que todos podríamos entrenar para ganar en calidad de vida. Profundicemos.
“Visión es el arte de ver las cosas invisibles”.
-Jonathan Swift-

El pensamiento proactivo o cómo aspirar a un futuro más positivo (y saludable)

Las psicólogas Stephanie Jean Sohl y Anne Moyer de la Universidad de Stony Brook realizaron un estudio muy revelador hace unos años sobre el estrés y el bienestar humano. Según este trabajo, las personas que aplicaban un afrontamiento proactivo tenían una posibilidad mucho menor de desarrollar esta condición psicológica.
La forma de aplicar un pensamiento proactivo, según dichas investigaciones se basaría en dos estrategias muy sencillas:
  • La primera se define como “preguntas proactivas”. Se trataría simplemente de clarificar aspectos como ¿qué necesito para sentirme bien a corto y largo plazo? ¿qué cambios debería poner en marcha para alcanzar mis objetivos personales?
  • La segunda estrategia se basa en hacer acopio de “ideas preventivas”. Se trata de idear estrategias con las que saber cómo y de qué manera reaccionar ante ciertas cosas en caso de que estas sucedieran. Por ejemplo, si sospecho que puedo ser despedido de mi trabajo, debería ir pensando en otras salidas, en tener preparado un plan b.
Veamos no obstante qué más factores definen el pensamiento proactivo.

Una mentalidad positiva, creativa y flexible

Edward de Bono solía explicar en sus trabajos que a veces, las personas más inteligentes eran las menos proactivas. Esto que en un principio puede parecernos llamativo tiene su explicación.
  • Para anticiparnos de manera efectiva, original y positiva a nuestro futuro cercano debemos generar muchas ideas, ser creativos.
  • Hay personas brillantes que son expertas a la hora de entender aspectos muy complejos de nuestra realidad. Sin embargo, no son capaces de generar alternativas o nuevas propuestas.
  • El pensamiento proactivo necesita ir más allá del momento presente, requiere una actitud visionaria y muy flexible.
  • No se trata por tanto de ser “grandes pensadores” sino de ser “pensadores flexibles y altamente originales”.
A su vez, y no menos importante, para ser proactivo es necesario incluir en esa visión una actitud claramente positiva. Ser optimistas hacia el futuro y hacia nosotros mismos. Confiar en nuestras capacidades para aspirar a algo mejor es clave para este tipo de enfoque.

Tolerancia a la frustración

La frustración es esa bomba emocional que estalla en nuestro interior cuando las cosas no suceden como esperamos. Pocas tesituras psicológicas resultan tan incómodas y difíciles de manejar. Sin embargo, es casi imperativo aprender a tolerar esas piedras del camino que todos nos encontramos a lo largo de nuestras escaladas particulares hacia una meta.
La persona proactiva, ese perfil que aplica un tipo de pensamiento deliberado, optimista y resolutivo ha aprendido a convivir con el sentimiento de frustración. Tiene claro que en todo trayecto hay dificultades y por ello, hace previsión de ellas e idea modos de superar dichos baches del trayecto.
De este modo, algo que debemos entender del pensamiento proactivo, es que en la medida de lo posible, intenta manejar ese matiz sorpresivo que pueda depararle el futuro mediante planes innovadores.

La realidad está llena de patrones

La vida tiene patrones. Puede que no los apreciemos en un primer momento, pero están ahí, latentes, orquestados por ese flujo cotidiano donde hay cosas que pueden anticiparse, donde hay estímulos que desencadenan procesos, actos que traen consecuencias.
La persona proactiva por tanto, es alguien que ha aprendido a observar, a analizar y a despertar su visión intuitiva sobre las cosas. Poco a poco se da cuenta de que hay ciertos matices  que no pasan solo porque sí. Advertir patrones es un modo de estar preparados, de pensar en estrategias de respuesta para actuar mucho mejor.

Para concluir: si llevamos un tiempo limitándonos a reaccionar ante las cosas en lugar de ser proactivos es necesario que descansemos. Cuando nos han pasado un gran número de eventos, lo ideal es darnos un respiro momentáneo para procesar lo ocurrido, recuperar ánimos, energías y fortalezas.
Solo cuando hallamos calmado la mente, seremos capaces de ver las cosas de otro modo. El pensamiento proactivo aparece cuando recuperamos la motivación, la claridad y la esperanza. Ese será el punto perfecto para empezar a actuar y dejar de reaccionar.

Valeria Sabater