lunes, 21 de octubre de 2013

¿Por qué seguimos pensando en trabajar más y no mejor?

¿Por qué se sigue midiendo al peso las jornadas laborales, en vez de poner el foco en los resultados? ¿Por qué desde las empresas continúan dándole más importancia a las horas que se está presente en el puesto de trabajo, que a lo que se consigue en todo ese tiempo? ¿Por qué el empleado acaba asumiendo esta forma como la única para valorar su trabajo?
Trabajar más no es trabajar mejor. Lo hemos dicho en alguna ocasión en estas mismas líneas y creo que nunca está de más recordarlo. Pero aunque en muchas grandes empresas, se están cambiando las mentalidades, en la pequeña empresa queda mucho trabajo por hacer. En este post me pregunto cuáles son las posibles razones que hay detrás de esta tradicional forma de medir la productividad y el rendimiento en el trabajo.
Las razones

Sin medición. Una de las razones fundamentales está en la incapacidad por parte de muchas empresas para encontrar fórmulas con las que medir el trabajo de sus empleados por resultados y no por tiempo, al peso. A simple vista, puede resultar más sencillo obligar al empleado a estar 40 o 50 horas semanales en el puesto de trabajo, a plantear una mayor flexibilidad de acuerdo con los objetivos.
Cuestión cultural. Sí, siempre se ha visto como ejemplo de esfuerzo y sacrificio aquel que dedica el máximo número de horas a trabajar, sin valorar si éstas han sido, realmente, productivas o no. Llenar nuestro tiempo disponible con trabajo, de la calidad que sea.
Falsa sensación de avanzar. Entre los trabajadores, existe esa falsa creencia de que quien más trabaja es el que más avanza. Quien menos tiempo libre dedica a otras tareas que no sean su trabajo profesional es el profesional. Y en parte es cierto que el esfuerzo y el sacrificio está relacionado con . Pero aquí es necesario introducir la variable de rendimiento. ¿Sirvieron realmente esas 10 horas extra que cumplí en la última semana? ¿Lo que hice en ese tiempo lo pude hacer en mi jornada normal, aprovechando más el tiempo y siendo más productivo?

¿Y los resultados?


Después de dejar claro tres de las razones que se pueden esgrimir para defender esa forma de medir el desempeño en el trabajo, veamos si con los resultados en la mano es lo más idóneo. Para ello, nos fijamos en un estudio elaborado por la OCDE el año pasado que medía la productividad de los principales países europeos y del que dimos cuenta hace poco aquí:
  • Los países que más horas trabajaban son, por este orden, Grecia, Hungría, Polonia y Estonia. De este grupo, tres están en el ‘top 5’ de los menos productivos.
  • En el otro lado están los que menos horas tienen de carga de trabajo. Se encuentran Holanda, Alemania, Noruega, Francia y Dinamarca. De ellos, dos están en el ‘top 5’ de los más productivos y el resto en los cinco siguientes puestos.
A la luz de estos datos, es evidente que los resultados no llegan por el número de horas y por el peso, sino por otros muchos factores. No se trata de trabajar menos horas sin más, sino en hacerlo de una manera en la que se premie el rendimiento, el aprovechamiento del tiempo.
¿Por qué obligar a los trabajadores a estar en su puesto de trabajo durante jornadas interminables, sabiendo que, en muchas ocasiones, eso es contraproducente para sus resultados y, por tanto, los de la empresa? ¿Son mejores días de 10 horas de trabajo, sin posibilidad de conciliación laboral y familiar y con un rendimiento similar a los de 7 u 8 horas, pero mucho mejor aprovechados y gestionados?
No todo es sencillo. Hablamos de muchos factores, culturales y de organización, que no son fáciles de abordar. Pero, lo que resulta evidente es que aún queda mucho por hacer.