viernes, 29 de abril de 2011

Blanco o negro


La postura fácil suele ser el compromiso, la medianía, lo suficiente, las medias tintas. Muchas veces, además de fácil es lo más práctico y rentable. Pero hay casos en los que la peor solución es la de compromiso. Por ejemplo, con la política de uso de Internet en tu empresa.
Si tienes empleados, puedes hacer dos cosas. Una es dejar acceso a Internet solo a los que realmente lo necesiten, y a estos ponerles un proxy que registre sus movimientos por la red, y por si acaso bloquearles los sitios inadecuados, e incluir en los sitios inadecuados las redes sociales, y cualquier servicio que permita almacenar documentos, y todos los sitios con flash que solo sirve para jugar, o mejor aún permitir solo el acceso a unos cuantos sitios y bloquear todo lo demás…
La otra solución es confiar en tus empleados y pedirles que usen Internet con responsabilidad, como usan el teléfono. Si alguien tiene un comportamiento excepcional, tratarlo como excepcional y no aplicar políticas comunes a todos “por si acaso”. Confiar en que usarán las redes sociales para sus cosas, pero también para ser los primeros embajadores de tu empresa. Saber que perderán algo de tiempo en Internet, como ahora lo pierden charlando entre ellos o saliendo a fumar, pero confiar en que serán sensatos.
El compromiso es dar acceso a todos, pero poniendo filtros que son fáciles de saltar. No establecer políticas que definan qué pasa si alguien se excede en su uso de Internet. No saber (y no explicar) si bloqueas determinados sitios porque el ancho de banda es un recurso limitado o porque suponen una pérdida de tiempo. Poner un filtro con las opciones por defecto y no preocuparte si limita mucho, poco o nada. Hacer esto simplemente porque es lo que hacen todos.
La primera opción funciona. Y hay empleados que la prefieren, porque prefieren reglas claras, saber qué se puede y qué no se puede hacer. Tal vez te pierdas algo, tu personal esté menos formado o menos motivado, pero sabes que están haciendo lo que se les dice.
La segunda opción también funciona. El requisito es que tus empleados sean responsables, y saber tratar rápidamente con los que no lo sean, pero la recompensa es retener a los empleados que prefieren ser tratados como adultos, y evitar el coste de gestionar la barrera de Internet.
Lo que no funciona es la tercera opción. Por un lado emites el mensaje de que no te fías de los empleados, pero por otro lado dejas claro que tampoco te importa lo suficiente como para tomar medidas drásticas. Tienes el coste de gestionar las barreras, pero tus empleados seguirán leyendo la prensa deportiva o perdiendo el tiempo en cualquier foro. El vago sigue haciendo el vago, y el responsable tropieza a cada instante con un obstáculo.
Elige blanco o negro, porque aquí no funcionan las medias tintas.