lunes, 22 de noviembre de 2010

Cómo atrapar las buenas ideas al vuelo

¿Qué era eso tan interesante que se me había ocurrido?
Las buenas ideas no nos visitan todos los días. Por eso es tan importante atraparlas al vuelo en el mismo instante en que surgen, evitando que se evaporen de manera definitiva.

En el momento menos esperado

Seguro que alguna vez has tenido una buena idea cuando estabas a punto conciliar el sueño, en el transporte público o debajo del chorro de la ducha. Y es seguro, también, que en la mayor parte de los casos esas ideas se han evaporado a los pocos minutos.
El reto es conservar esas buenas ideas para que no caigan en el olvido. Para conseguirlo, lo esencial es desarrollar la costumbre de “capturar” todas esas ideas en el momento. Es decir, tomarse la molestia de apuntarlas de alguna manera para utilizarlas más adelante.

Tiempo de procesamiento

A lo largo del día, enviamos muchas veces a nuestro cerebro la orden de buscar ideas, propuestas creativas y soluciones. Pero nuestro cerebro no siempre es capaz de obedecer inmediatamente. Es decir, podemos pensar en una solución, pero es muy fácil que la solución propuesta en un primer intento no sea demasiado original.

En cambio, unas horas e incluso unos días más adelante, cuando nuestro cerebro ha tenido tiempo para procesar y asimilar la información, las ideas pueden aparecen cuando menos te lo esperas, un poco como por arte de magia. Debemos estar atentos para almacenarlas.
Estos son algunos de los métodos más efectivos:

Una libreta y un bolígrafo

Hay gente que siempre se mueve con una pequeña libreta de notas y un bolígrafo en el bolsillo y que, incluso cuando se mete en la cama, deja estas herramientas sobre la mesilla, por si surge alguna idea durante la noche.
Es un método realmente efectivo, sencillo y económico, y mucho más práctico que llevar el ordenador encima o escribir en servilletas de papel.

Una grabadora (que puede ser el teléfono móvil)

Si te da pereza escribir -en una libreta o en el móvil- siempre te queda la opción de grabar las ideas y pensamientos que consideres interesantes, tal y como haría Woody Allen. Más adelante podrás utilizar ese material sonoro como fuente de inspiración.
Una de las ventajas de este sistema es que ahora, incluso sin pretenderlo, siempre llevas la grabadora contigo: casi todos los teléfonos móviles disponen de una función de grabación que puede ser más que suficiente.

El banco de ideas

Evidentemente, lo más práctico es que, de forma regular, traslades los apuntes de la libreta y las grabaciones de voz a una especie de archivo electrónico, un banco o almacén de ideas que te permitirá manejar la información con comodidad.
No todas las ideas que aparecen de repente son buenas. Pero tampoco existe ningún método infalible para detectarlas al momento. Por eso, lo más razonable es apuntar todas las ideas que nos parezcan interesantes. Después, con un poco más de tiempo y reflexión podremos determinar si esas ideas son aprovechables, y si merecen una oportunidad.
A menudo, las ideas que se nos ocurren no tienen una aplicación inmediata a las circunstancias actuales. Pero más adelante, en otra situación diferente, esa misma idea puede sernos realmente útil. De ahí que el almacén de ideas se convierta en un excelente repositorio de soluciones y propuestas para el presente y para el futuro.

El riesgo del plagio inconsciente

Ya conoces el dicho: “No hay nada nuevo bajo el sol”. Es evidente que no es cierto, que hay gente capaz de crear algo nuevo cuando ya todo parece inventado. Pero el dicho también tiene su parte de verdad: es difícil dar con una idea realmente original.
Nuestra mente se nutre, en gran medida, de los contenidos y las ideas que están a nuestro alrededor. No tiene nada de malo realizar una síntesis personal, o una nueva formulación a partir de lo que otras personas han pensado antes. De hecho, esta es una de las maneras más comunes de crear e innovar.
Pero tampoco podemos perder de vista un riesgo muy frecuente: creer que hemos dado con una propuesta realmente creativa cuando lo cierto es que, de forma inconsciente, estamos replicando, punto por punto, una idea ya formulada por otra persona, y que nuestro subconsciente ha almacenado.

De la idea a la realidad

Normalmente una idea, por sí sola, no basta para cambiar nada. Puede ser un excelente punto de partida, y debe servir como inspiración, pero es evidente que necesita un desarrollo. Por eso resulta tan importante que, tras almacenar nuestras ideas y propuestas, seleccionemos las mejores, o las más creativas, para darles una oportunidad.
Analiza las ideas que has recopilado y su viabilidad. Hazlo con rigor, planteando las preguntas clave: ¿Sirven para algo? ¿Cómo las vas a aplicar? ¿Qué ventajas van a aportar? ¿Eres capaz de desarrollarlas? ¿Qué necesitarás?
Las respuestas que obtengas te ayudarán a escoger las mejores ideas. A partir de ahí quizá debas desarrollar un pequeño plan para transformar la idea en una realidad.

Un momento para pensar con tranquilidad

A veces no encontramos nuevas ideas simplemente porque no tenemos un momento para pensar con tranquilidad, para concentrarnos sin perturbaciones exteriores. Los momentos de soledad suelen ser propicios para la reflexión. Es importante encontrar alguno a lo largo del día.
Ir a correr a primera hora, o a última hora de la tarde, suele ser una excelente manera de despejar la mente. Mientras hacemos deporte, y nos alejamos del ajetreo del día a día, podemos concentrarnos tranquilamente en nuestras cosas. De ahí suelen surgir muchas soluciones.
El coche no sirve, porque nos obliga a mantener un mínimo de atención en la carretera, en los semáforos, en los peatones, en las señales… Además, el tráfico suele resultar estresante, e invita a la agresividad mucho antes que a la reflexión. En cambio, un paseo tranquilo en bicicleta por un camino poco transitado puede llevarnos a un excelente estado de inspiración.

Con amigos, mejor todavía

La soledad es buena para la concentración y la reflexión, pero la compañía puede ser excelente para enriquecer ideas y para ponerlas a prueba. Una sesión creativa con otras personas te ayudará a refinar tu idea, y te proporcionará nuevos puntos de vista.
Prepárate, eso sí, para aceptar las críticas con deportividad: la idea que a nosotros nos parece perfecta, puede no serlo tanto. Es lo que siempre ocurre: tú no le encuentras errores a tú idea, pero los demás sí. Aprovecha las críticas razonadas y constructivas para hacer que tu idea crezca.

Métodos clásicos de innovación

Estos son algunos de los métodos tradicionales de innovación:
Transplantar una idea a otro campo de especialización
A veces para innovar no es necesario que crees una buena idea: basta con que apliques una idea ya existente -y que seguramente ha funcionado bien, aunque esto no es imprescindible- a otro campo de actividad distinto. Imagina, por poner un ejemplo, que en vez de inventar un volante -que ya funciona en la industria automovilística- lo aplicas a una industria completamente diferente, como es la de los videojuegos. Es sin duda, una suerte de innovación.
Síntesis o hibridación
Cogiendo un elemento de aquí y otro de allá, y realizando un ensamblaje inteligente, puedes crear algo nuevo, algo que antes no existía. De hecho, nadie es capaz de crear de la nada, porque nuestra base teórica y práctica es la que nos han legado todos los creadores anteriores.
Revolución
No resulta sencillo, pero es cierto que partiendo de un campo común de conocimientos, algunos grandes innovadores han creado ideas, productos y servicios revolucionarios, que han cambiado la sociedad y el mercado.
¿Qué método utilizas tú para obtener nuevas ideas?
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