Con bastante frecuencia, las estrategias para nuestros negocios son más sencillas y están más cerca de lo que parecen. Como empresarios tendemos a hacer las cosas más complejas de lo que son, a agregar más variables de las que necesitamos y a evaluar tantas posibilidades, que al final, no estamos seguros de qué camino tomar. Todos parecen viables. Le damos demasiadas vueltas a las cosas, para el final llegar al punto de partida.
Por años he visto que este comportamiento sólo nos lleva a la inmovilidad. Parálisis por análisis. Demasiadas disertaciones, pocas conclusiones. Demasiada información, poca acción. Por supuesto no es que considerar múltiples variables y hacer profundas investigaciones no sea útil, el punto es que la gran mayoría de compañías no estamos en capacidad de hacerlo a esta escala. Limitaciones de tiempo, dinero y gente. Es por eso que somos partidarios de las cosas prácticas y sencillas, pero realizables. Cuando la opción es no hacer nada, hay alternativas muy sencillas que arrojan muy buenos resultados.









